Opinión
Adif baja el listón
Adif rebaja el listón de la fiabilidad cuando los viajeros necesitan razones para aceptar las molestias de las obras. Los convenios del gestor ferroviario con el Estado prevén cerca de un 20% más de incidencias en 2030 respecto a 2025. En Valdemoro, Renfe ha anunciado reajustes puntuales de la C-3 entre Pinto y Aranjuez del 6 al 8 de noviembre. Pedir paciencia resulta razonable; convertirla en horizonte de servicio, no.
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- (La C-3 reajusta sus horarios entre Pinto y Aranjuez del 6 al 8 de noviembre por obras)

El anuncio de Cercanías habla de modificaciones puntuales durante tres jornadas, no de una suspensión del servicio. Renfe remite a sus canales oficiales y al personal de las estaciones para consultar los horarios. Mantener y mejorar la infraestructura justifica alteraciones temporales: exigir una red fiable y rechazar cualquier intervención sería contradictorio. Pero aceptar molestias no obliga a aceptar peores metas. Las obras son un medio, no una coartada. Su justificación es la mejora que persiguen, no la resignación del viajero.
La documentación publicada por El Mundo sitúa ahí la contradicción. En la red convencional, el cumplimiento previsto del mantenimiento preventivo alcanza como máximo el 90%, pese al aumento de los fondos destinados a esa partida. No basta con anunciar más fondos: importa cuánto trabajo se ejecuta. Más gasto no equivale a mejor servicio. El presupuesto pierde fuerza como argumento cuando el propio horizonte de gestión incorpora un mantenimiento incompleto. La exigencia debe alcanzar tanto a los recursos como a los resultados.
La crítica tampoco cabe en una cómoda disputa entre gestión pública y operadores privados. Renfe cuestiona el empeoramiento de los indicadores, los retrasos atribuibles a Adif y la evolución del mantenimiento preventivo. Iryo critica la relajación de las metas de puntualidad. Ouigo reclama referencias e indicadores para evaluar la eficiencia. Son posiciones empresariales distintas, pero coinciden en reclamar un rendimiento medible. La competencia entre trenes no sustituye la responsabilidad de quien gestiona la red.
Estos indicadores abarcan el conjunto de la infraestructura: no pronostican el resultado de las obras entre Pinto y Aranjuez ni convierten el reajuste de la C-3 en prueba de deterioro. La relación es otra: las molestias locales necesitan un horizonte general de mejora que las haga comprensibles. Publicar previsiones desfavorables puede ser un ejercicio de honestidad; incorporarlas a los convenios sin recuperar los niveles de referencia obliga, además, a discutir la ambición del servicio. Reconocer una expectativa peor no basta para justificarla.
En Valdemoro, esa exigencia tiene una medida concreta: poder organizar un desplazamiento sin que la incertidumbre gobierne la agenda. No hace falta una batalla de siglas para defenderla. El tiempo del usuario vale aunque no figure entre los gastos del gestor; dejarlo fuera de las cuentas no lo vuelve gratuito. Un Estado eficaz no se acredita por el volumen de sus anuncios, sino por la utilidad que entrega a quienes sostienen sus servicios.
La paciencia del viajero no es una partida presupuestaria.
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